Para ello, Estados Unidos ha impuesto una “cuarentena efectiva sobre el petróleo venezolano”, que incluye la incautación de buques petroleros.

En esta etapa, Washington tomará entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo, los venderá a precios de mercado y administrará los ingresos. La segunda fase es la de “recuperación”, que consiste en “garantizar que las empresas estadounidenses, occidentales y de otros países tengan acceso al petróleo venezolano”.

Simultáneamente, se iniciaría un proceso de reconciliación nacional con amnistías para opositores.

Finalmente, la tercera fase sería la “transición” política.

Este enfoque pragmático reconoce de facto a Delcy Rodríguez como autoridad funcional, no como una concesión moral, sino como una evaluación de que el chavismo remanente es el único actor con capacidad para administrar el territorio y evitar un vacío de poder violento. La estrategia se alinea con el “corolario Trump” de la Doctrina Monroe (“Donroe”), que reafirma la primacía estadounidense en el hemisferio. La oposición, liderada por María Corina Machado y Edmundo González, queda en una posición paradójica: cuentan con legitimidad electoral pero carecen de control territorial, lo que los deja en un segundo plano frente a los intereses geoestratégicos de Washington.