La tensión en el estrecho de Taiwán ha alcanzado un nuevo pico con el anuncio de las maniobras militares chinas “Misión Justicia 2025”, que integran capacidades aéreas, navales y de misiles del Ejército Popular de Liberación (EPL). Estos ejercicios representan una estrategia de coerción creciente por parte de Pekín, buscando condicionar el futuro político de la isla y empujar los límites del delicado statu quo que ha mantenido la paz en la región durante décadas. El conflicto entre China y Taiwán, una disputa de soberanía que data de 1949, se ha gestionado a través de un frágil equilibrio conocido como “ambigüedad estratégica”, especialmente por parte de Estados Unidos. Sin embargo, este acuerdo tácito se ha erosionado debido al ascenso de China como potencia militar y a la consolidación de una identidad política propia en Taiwán, cada vez más alejada de la idea de reunificación.
En este contexto, las maniobras “Misión Justicia 2025” no buscan una invasión inmediata, sino ejercer una presión sostenida.
Las acciones de cerco, simulación de bloqueos y control de accesos marítimos apuntan a limitar la autonomía de Taiwán, afectando no solo sus capacidades militares, sino también su entorno económico y logístico. Pekín parece estar aplicando una estrategia de coerción gradual, aumentando la tensión sin llegar a un conflicto abierto, pero reduciendo las posibilidades de contención a largo plazo. La experiencia de la guerra en Ucrania ha demostrado los altos costos de una invasión directa, lo que probablemente influye en los cálculos de China. No obstante, una tensión prolongada en el estrecho de Taiwán, un punto clave para el comercio global y las cadenas de suministro tecnológico, tendría consecuencias económicas significativas incluso sin un enfrentamiento armado.
En resumenCon sus últimas maniobras militares, China está probando los límites del statu quo en el estrecho de Taiwán, aplicando una estrategia de coerción que aumenta la presión sobre la isla sin recurrir a una guerra abierta. Esta escalada gradual eleva los riesgos de un conflicto en una de las zonas geopolíticamente más sensibles del mundo, con implicaciones económicas y de seguridad globales.