En este contexto, las maniobras “Misión Justicia 2025” no buscan una invasión inmediata, sino ejercer una presión sostenida.

Las acciones de cerco, simulación de bloqueos y control de accesos marítimos apuntan a limitar la autonomía de Taiwán, afectando no solo sus capacidades militares, sino también su entorno económico y logístico. Pekín parece estar aplicando una estrategia de coerción gradual, aumentando la tensión sin llegar a un conflicto abierto, pero reduciendo las posibilidades de contención a largo plazo. La experiencia de la guerra en Ucrania ha demostrado los altos costos de una invasión directa, lo que probablemente influye en los cálculos de China. No obstante, una tensión prolongada en el estrecho de Taiwán, un punto clave para el comercio global y las cadenas de suministro tecnológico, tendría consecuencias económicas significativas incluso sin un enfrentamiento armado.