Sin embargo, su producción ha colapsado en las últimas dos décadas debido a la mala gestión, la falta de inversión, la corrupción y las sanciones. Según cifras de la Agencia Internacional de Energía (IEA) de noviembre de 2025, la producción venezolana era de apenas 860.000 barriles diarios, muy lejos de su potencial.

Trump calificó el negocio petrolero venezolano como “un fracaso total durante mucho tiempo”.

Con la intervención, Washington busca no solo estabilizar la producción para influir en los mercados globales, sino también asegurar el acceso de sus empresas a estas enormes reservas, un objetivo que se alinea con su discurso de priorizar los intereses económicos de Estados Unidos.