El futuro de la vasta industria petrolera de Venezuela se ha convertido en un eje central de la estrategia de Estados Unidos tras la captura de Nicolás Maduro. El presidente Donald Trump anunció explícitamente que grandes compañías petroleras estadounidenses entrarán al país para reparar la infraestructura y reactivar la producción, confirmando que el control de los recursos energéticos es una prioridad clave de su intervención. En su rueda de prensa, Trump fue claro sobre el rol que jugará el sector privado estadounidense: “Vamos a tener a nuestras gigantescas compañías petroleras estadounidenses, las más grandes del mundo, entrando, gastando miles de millones de dólares, reparando la infraestructura petrolera, que está gravemente dañada, y empezando a generar ingresos para el país”. Esta declaración pone de manifiesto el interés económico detrás de la operación militar. Venezuela posee las reservas de petróleo probadas más grandes del mundo, con más de 303.200 millones de barriles, superando a potencias como Arabia Saudita.
Sin embargo, su producción ha colapsado en las últimas dos décadas debido a la mala gestión, la falta de inversión, la corrupción y las sanciones. Según cifras de la Agencia Internacional de Energía (IEA) de noviembre de 2025, la producción venezolana era de apenas 860.000 barriles diarios, muy lejos de su potencial.
Trump calificó el negocio petrolero venezolano como “un fracaso total durante mucho tiempo”.
Con la intervención, Washington busca no solo estabilizar la producción para influir en los mercados globales, sino también asegurar el acceso de sus empresas a estas enormes reservas, un objetivo que se alinea con su discurso de priorizar los intereses económicos de Estados Unidos.
En resumenLa intervención en Venezuela tiene un claro componente económico centrado en el petróleo. La administración Trump planea una reestructuración de la industria petrolera venezolana liderada por empresas estadounidenses, buscando revertir años de declive productivo y asegurar el control sobre las mayores reservas de crudo del mundo, lo que redefine el mapa energético regional.