El Gobierno colombiano, encabezado por el presidente Gustavo Petro, reaccionó de inmediato a la operación militar estadounidense en Venezuela, ordenando el despliegue de la Fuerza Pública en la frontera y activando un plan de asistencia humanitaria ante un posible flujo masivo de refugiados. La postura de Colombia ha sido de un rechazo contundente a la intervención, calificándola como una violación de la soberanía y convocando a reuniones de emergencia en la ONU y la OEA. Tras un consejo de seguridad extraordinario en la madrugada, el presidente Petro anunció las medidas a través de sus redes sociales. “Se despliega la fuerza pública en la frontera, se despliega toda la fuerza asistencial que dispongamos en caso de entrada masiva de refugiados”, informó. El Ministerio de Defensa complementó que se activó un Puesto de Mando Unificado (PMU) en Cúcuta y se reforzó la seguridad en las embajadas de EE.
UU. y Venezuela en Bogotá. Diplomáticamente, Petro ha sido enfático en su condena: “El gobierno de Colombia rechaza la agresión a la soberanía de Venezuela y de América Latina”. En su calidad de miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, Colombia solicitó formalmente una sesión urgente para analizar la legalidad de la acción. La Cancillería colombiana emitió un comunicado reiterando su compromiso con la Carta de las Naciones Unidas y la solución pacífica de controversias. El propio Petro respondió a la advertencia de Trump, asegurando no estar preocupado y no tener “nada que esconder como otros”.
La situación en los pasos fronterizos como Cúcuta y Paraguachón (La Guajira) es de normalidad tensa, con presencia militar reforzada pero sin interrupciones al tránsito peatonal y vehicular, aunque con una evidente zozobra entre los transeúntes.
En resumenColombia ha asumido una posición de liderazgo en la condena a la intervención estadounidense, combinando una respuesta diplomática en foros multilaterales con medidas preventivas en la frontera. La reacción del gobierno Petro busca defender la soberanía regional y prepararse para las consecuencias humanitarias, en medio de una creciente tensión directa con la administración Trump.