Esta posición otorga al país un asiento en el órgano más poderoso de la ONU, con capacidad para influir en decisiones cruciales sobre la paz y la seguridad a nivel global. La elección de Colombia, que contó con un amplio respaldo de la Asamblea General de la ONU, le permite tener “voz y voto”, según destacó la Cancillería, en debates y resoluciones sobre conflictos internacionales, misiones de mantenimiento de la paz, imposición de sanciones y otras amenazas a la estabilidad mundial. Como uno de los diez miembros no permanentes, junto a los cinco permanentes (Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido), Colombia tendrá la oportunidad de aportar su perspectiva única, marcada por su propia experiencia en la resolución de un conflicto armado interno de larga data y la construcción de paz.
Este rol implica una gran responsabilidad diplomática, ya que el país deberá navegar en un escenario geopolítico complejo y, a menudo, polarizado.
La participación en el Consejo de Seguridad exigirá a la diplomacia colombiana articular sus intereses nacionales con las responsabilidades que conlleva ser parte del principal órgano de decisión en materia de seguridad internacional, participando activamente en la búsqueda de soluciones a crisis en diferentes partes del mundo.













