Estas sustancias ofrecen a los grupos criminales mayores márgenes de ganancia, menores costos de producción y una menor dependencia del control territorial. Una pastilla de fentanilo, con un costo de producción de US$0,10, puede venderse entre US$10 y US$30.
Más allá de las drogas, otros mercados ilícitos están en plena expansión. La minería ilegal de oro se ha consolidado como una herramienta clave para el lavado de activos y la conexión con mercados en Asia y Medio Oriente. Asimismo, la crisis migratoria ha convertido el tráfico de personas en un negocio altamente rentable, como lo demuestra el cruce de más de 520.000 personas por el Tapón del Darién en 2023. El IISS subraya que las grandes organizaciones criminales ya no operan como jerarquías rígidas, sino como "redes transnacionales flexibles" que funcionan como cadenas de suministro globales.
Este modelo, altamente adaptable, genera ingresos que podrían alcanzar entre 3 y 5 billones de dólares anuales a nivel mundial, distorsionando las economías formales y debilitando a los Estados, cuyas respuestas siguen siendo fragmentadas y reactivas.











