El dilema es complejo: si se prohíbe la interpretación, los equipos afectados (Mercedes, McLaren, Williams, Alpine, Red Bull y Racing Bulls) podrían enfrentar costosos rediseños de última hora. Si se permite, podría desatar una ola de protestas y un desequilibrio competitivo similar al dominio de Mercedes en la era híbrida de 2014, con un impacto económico directo en el reparto de premios, que en 2025 superó los 1.200 millones de dólares.