La marca deportiva alemana Puma activó una de sus mayores operaciones financieras recientes para afrontar una profunda crisis de liquidez, firmando un paquete de financiación que supera los 608 millones de euros. Este movimiento se produce en un momento de caída sostenida de ventas y resultados negativos, y coincide con un fuerte interés del conglomerado chino Anta Sports en una posible adquisición. El paquete de financiación de Puma incluye un préstamo puente por 500 millones de euros con el Banco Santander y líneas de crédito adicionales por 108 millones de euros, con un plazo de dos años. Esta inyección de capital busca garantizar liquidez inmediata mientras la compañía reestructura su deuda a largo plazo.
La medida responde a un deterioro significativo de sus resultados: en los primeros nueve meses de 2025, Puma registró una caída del 8,5 % en sus ventas y pérdidas superiores a los 300 millones de euros.
Esta presión sobre la rentabilidad ya ha provocado recortes de plantilla y ajustes operativos. En medio de esta crisis, las acciones de Puma se dispararon hasta un 13,2 % en la Bolsa de Fráncfort tras conocerse que Anta Sports Products, propietaria de marcas como Fila, estaría evaluando una oferta de compra. Este interés surge en un momento en que la capitalización bursátil de Puma se ha reducido a cerca de 2.700 millones de euros, una cifra considerablemente baja para un actor histórico del sector, lo que la convierte en un objetivo atractivo para una adquisición.
En resumenPuma se encuentra en una encrucijada financiera, asegurando préstamos masivos para sobrevivir a corto plazo mientras su bajo valor de mercado la posiciona como un objetivo principal de adquisición. La posible compra por parte de Anta Sports podría reconfigurar el competitivo mercado global de la ropa deportiva, dominado por Nike y Adidas.