El Gobierno Nacional anunció la reactivación de la aspersión de cultivos de coca con glifosato, una política que se implementará de manera terrestre y controlada mediante el uso de drones. La medida, aprobada por el Consejo Nacional de Estupefacientes, se aplicará en zonas donde grupos armados ilegales estén forzando a los campesinos a sembrar, marcando un giro en la estrategia antidrogas del país. El ministro de Justicia (e), Andrés Idárraga, confirmó que la metodología de aplicación ya fue aprobada y solo está pendiente la autorización final de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) para iniciar operaciones, lo que podría ocurrir esta misma semana. La fumigación se realizará con drones que volarán a una altura máxima de 1,5 metros sobre las plantas, cubriendo aproximadamente una hectárea cada 30 minutos. Los primeros departamentos donde se implementará esta estrategia serán Cauca, Norte de Santander y Putumayo, regiones con un incremento exponencial de cultivos de uso ilícito y alta conflictividad.
El ministro del Interior, Armando Benedetti, también respaldó la medida, argumentando que se usará donde los grupos armados “estén obligando a la fuerza, manipulando y amenazando a la población”. Esta decisión revive un debate nacional de alta sensibilidad, ya que la aspersión aérea con glifosato fue suspendida en 2015 y posteriormente condicionada por la Corte Constitucional en 2017 debido a sus efectos nocivos para la salud y el medio ambiente.
El gobierno actual argumenta que este nuevo método controlado y terrestre mitiga dichos riesgos, enfocándose en afectar las economías de los grupos ilegales y no a los pequeños cultivadores.
En resumenEl gobierno Petro ha decidido retomar el uso de glifosato para la erradicación de cultivos de coca, aunque con una nueva metodología basada en drones y aspersión terrestre. La medida busca golpear las finanzas de los grupos armados en zonas de conflicto, pero reabre el controversial debate sobre los impactos ambientales y de salud pública asociados al herbicida.