La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) emitió una sentencia histórica al condenar a 20 años de prisión al coronel retirado Publio Hernán Mejía Gutiérrez por su responsabilidad como determinador en 72 casos de ejecuciones extrajudiciales. Este es el primer fallo contra un oficial de alto rango que se niega a reconocer su responsabilidad y es juzgado en un juicio adversarial por crímenes de guerra y de lesa humanidad en la justicia transicional. La Sección de Ausencia de Reconociendo de Verdad de la JEP determinó que Mejía, como comandante del Batallón de Artillería La Popa en Valledupar (Cesar) entre 2002 y 2003, lideró un “aparato organizado de poder” que actuó en alianza con el frente Mártires del Cesar de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).
Esta alianza criminal tuvo como fin asesinar, desaparecer y torturar a civiles para presentarlos fraudulentamente como guerrilleros caídos en combate.
Las víctimas, según el fallo, incluían campesinos, jóvenes de escasos recursos, personas con discapacidad y miembros de comunidades étnicas en el norte del Cesar y sur de La Guajira. A diferencia de otros miembros de su batallón que reconocieron su participación y recibieron sanciones restaurativas de ocho años, Mejía insistió en su inocencia, lo que activó el juicio adversarial. La JEP afirmó que Mejía “actuó con conocimiento de la ilicitud y se benefició de un esquema criminal” para obtener condecoraciones y ascensos. Como parte de la condena, el tribunal ordenó al Ministerio de Defensa revocar todas las condecoraciones otorgadas a Mejía por los resultados operacionales de su batallón y le exigió pedir perdón a las víctimas en un acto público en Valledupar. La sentencia, considerada la más alta impuesta por la JEP hasta ahora, sienta un precedente clave para otros altos mandos militares que no han aceptado su responsabilidad en crímenes del conflicto.
En resumenEn un fallo sin precedentes, la JEP condenó al coronel (r) Publio Hernán Mejía a 20 años de cárcel por su rol como determinador en 72 'falsos positivos' cometidos en alianza con paramilitares. Al ser el primer alto oficial condenado en un juicio adversarial tras negar su responsabilidad, la sentencia marca un hito en la justicia transicional y en la lucha contra la impunidad de los crímenes de Estado en Colombia.