Los disturbios comenzaron inmediatamente después del pitazo final.

Hinchas del Independiente Medellín, ubicados en la tribuna norte, invadieron el terreno de juego, lo que provocó una reacción de los seguidores de Atlético Nacional y desencadenó una batalla campal en la cancha.

Los enfrentamientos se extendieron a los alrededores del estadio, donde también se registraron peleas.

Según el comandante de la Policía Metropolitana, general William Castaño, los hechos ocurrieron durante el acto de premiación, dificultando el control de la situación.

Las autoridades están analizando videos de seguridad y redes sociales para identificar y judicializar a los responsables. El alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, calificó los hechos como una "absoluta vergüenza" y aseguró que los responsables "responderán ante la ley". Afirmó que "no son hinchas, se comportan como criminales" y que se impondrán sanciones como la prohibición de ingreso a los estadios.

Durante los altercados, equipos periodísticos de Win Sports y Telemedellín fueron atacados, y sus vehículos de transmisión sufrieron daños.

Este episodio reaviva el debate sobre la violencia de las "barras bravas" en el fútbol colombiano y la necesidad de medidas más efectivas para garantizar la seguridad en los eventos deportivos.