Un dato relevante fue su barrida territorial, ganando en las 16 regiones del país, desde el norte minero hasta el sur agrícola, lo que evidencia un respaldo transversal.

La elección estuvo marcada por una alta participación, superando el 84 % del padrón electoral.

La victoria de Kast fue celebrada por líderes de derecha en la región como Javier Milei de Argentina y Daniel Noboa de Ecuador, así como por el gobierno de Donald Trump en Estados Unidos, cuyo secretario de Estado, Marco Rubio, expresó su deseo de una “relación estrecha”.

En contraste, el presidente Gustavo Petro criticó el resultado, afirmando: “Nadie cuestiona el resultado electoral del señor Kast en Chile, su triunfo es contundente.

Pero no es un triunfo para la vida y la humanidad”. Petro calificó al sector político de Kast como una expresión de “fascismo” y advirtió sobre un retroceso histórico para la región, llegando a decir: “Jamás le daré la mano a un nazi”. Estas declaraciones llevaron al gobierno chileno del saliente Gabriel Boric a anunciar el envío de una nota de protesta formal, pidiendo respeto por la decisión democrática del pueblo chileno.

En su primer discurso, Kast prometió “restablecer la ley en todas las regiones, sin excepciones, sin privilegios” y agradeció a Dios por la victoria, pidiendo “sabiduría, templanza y fortaleza”.