Autoridades estadounidenses confirmaron la incautación de un buque petrolero sancionado en aguas cercanas a Venezuela, en una operación de alto perfil que eleva la presión sobre el régimen de Nicolás Maduro. La maniobra fue ejecutada por marines de Estados Unidos y coordinada por el FBI, la Oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI) y la Guardia Costera, con apoyo del Departamento de Guerra. Un video difundido por la fiscal general Pam Bondi muestra a un helicóptero militar sobre la embarcación mientras varios marines descienden por cuerdas a la cubierta, avanzando de forma táctica para tomar el control del buque. Según Bondi, la operación se realizó “de forma segura” y forma parte de una orden de incautación federal. El petrolero, descrito por Donald Trump como “el más grande jamás incautado”, llevaba años bajo sanciones por su presunta participación en una red de transporte ilícito de crudo procedente de Venezuela e Irán.
Las autoridades estadounidenses sostienen que esta red beneficia a organizaciones terroristas extranjeras.
La incautación es el más reciente episodio en la escalada de tensiones entre Washington y Caracas. El gobierno venezolano reaccionó de inmediato, acusando a Estados Unidos de un “robo descarado” y calificando la acción como una agresión. Por su parte, la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, hizo un llamado a Colombia, Brasil y México para crear un “ejército multinacional” en respuesta a la creciente tensión con Estados Unidos.
En resumenLa incautación del buque petrolero por parte de Estados Unidos representa una acción militar y judicial directa contra las redes de comercialización de crudo de Venezuela e Irán. La operación, justificada por EE. UU. como una medida contra el financiamiento del terrorismo, fue calificada de “robo” por Caracas y ha exacerbado la crisis geopolítica en el Caribe.