La reacción del presidente Gustavo Petro fue inmediata y contundente, utilizando sus redes sociales para advertir: “No amenace nuestra soberanía, porque despertará al jaguar.
Atacar nuestra soberanía es declarar guerra”.
Petro invitó a Trump a Colombia para mostrarle los esfuerzos de su gobierno, asegurando que se destruyen "un laboratorio cada 40 minutos". La Cancillería colombiana también emitió un comunicado oficial en el que expresó su "gran preocupación" y rechazó "cualquier amenaza de agresión externa que comprometa la integridad territorial o la dignidad del pueblo", haciendo un llamado a la unidad regional. Estas amenazas se suman a un historial reciente de roces, incluyendo la descertificación de Colombia como aliado antidrogas. La crisis se profundiza con la denuncia de la familia de un pescador colombiano fallecido en un bombardeo estadounidense ante la CIDH. El abogado de la familia, Dan Kovalik, quien también representa a Petro en EE.
UU., formalizó la denuncia, calificando las muertes como "ejecuciones arbitrarias".
La situación diplomática es una de las más complejas en décadas, con el gobierno de Maduro también tomando medidas de seguridad extremas, como cambiar de residencia y celular, ante el temor de una intervención.













