Una vez que las jóvenes acudían a la cita, las llevaba a zonas boscosas y aisladas donde cometía los crímenes, que incluían abuso sexual, amenazas y extorsión mediante la grabación de material íntimo.

El caso de Catalina fue clave para conectar los crímenes.

La joven envió una fotografía a su novio antes de desaparecer, en la que se veía de espaldas a un hombre con características que coincidían con las del sospechoso. Además, la aplicación de ubicación compartida que tenía con su pareja permitió a las autoridades encontrar su cuerpo en el barrio Perdomo, con signos de estrangulamiento y abuso. Testimonios de sobrevivientes que lograron escapar de ataques similares fueron fundamentales para que la Fiscalía y el CTI establecieran el patrón delictivo y lograran identificar y capturar al presunto responsable, quien fue detenido cerca del lugar donde fue hallado el cuerpo de Leyva.