Estas declaraciones se dan a pocos meses del Mundial de Fútbol 2026, coorganizado por Estados Unidos.

La comunidad internacional reaccionó de inmediato; la ONU y organismos de derechos humanos advirtieron que una medida de este tipo violaría normas internacionales sobre el derecho al asilo y el principio de no discriminación, configurando una forma de castigo colectivo. Organizaciones defensoras de migrantes la calificaron como una de las propuestas más agresivas en la historia reciente de EE. UU., con el potencial de enfrentar severos desafíos legales.