Aviones de combate F-18 y un bombardero B-52 de la Fuerza Aérea estadounidense sobrevolaron cerca del espacio aéreo venezolano, en un contexto de creciente presión de Washington sobre el gobierno de Nicolás Maduro. Estas maniobras militares coinciden con la entrada en vigor de la designación del 'Cartel de los Soles' como organización terrorista por parte de EE. UU., que acusa a Maduro de liderar dicha estructura. Como respuesta a la alerta de la Administración Federal de Aviación de EE. UU. (FAA) sobre "aumento de la actividad militar", al menos siete aerolíneas internacionales, entre ellas Avianca, Latam, Iberia y Air Europa, suspendieron temporalmente sus vuelos hacia Caracas. Ante esta situación, el Instituto Nacional de Aeronáutica Civil (INAC) de Venezuela emitió un ultimátum, dando un plazo de 48 horas a las compañías para reanudar sus operaciones, bajo la amenaza de perder sus permisos de tráfico aéreo de forma permanente.

El presidente Gustavo Petro se pronunció sobre la crisis, rechazando una posible invasión a Venezuela y proponiendo una solución política negociada.

La IATA ha pedido a las autoridades mayor claridad y cooperación para no afectar más la ya reducida conectividad aérea del país.