“En cierto modo tomé una decisión”, declaró Trump, añadiendo enigmáticamente: “No puedo decirles qué es”.

Estas declaraciones se producen en un contexto de un significativo aumento de la presencia militar de EE.

UU. en el Caribe. Este despliegue incluye el portaaviones USS Gerald R. Ford, el más grande del mundo, y el lanzamiento de la operación “Lanza del Sur”, oficialmente destinada a combatir el narcotráfico en la región. Sin embargo, el gobierno venezolano y analistas internacionales interpretan estos movimientos como una estrategia de presión y una amenaza directa a la soberanía de Venezuela. El presidente Nicolás Maduro ha respondido con una movilización de tropas y ha hecho un llamado al pueblo estadounidense para “detener la guerra”, advirtiendo que Venezuela “no será la Gaza de Suramérica”. La situación se complica con las voces de la oposición venezolana, como la de María Corina Machado, quien ha instado a los militares de su país a “bajar las armas” y “acompañar la libertad”. La ambigüedad de Trump, combinada con la fuerza militar desplegada, mantiene a la región en vilo ante la posibilidad de una escalada del conflicto.