El contrato no solo incluye las aeronaves, sino también armamento, soporte logístico, mantenimiento y la adecuación de infraestructura.

Además, se pactaron mecanismos de compensación (offset) que contemplan transferencia tecnológica para desarrollar la industria aeronáutica local e inversiones sociales en regiones vulnerables, como paneles solares y plantas de agua potable. La decisión de optar por los cazas suecos, en detrimento de los F-16 estadounidenses, ha sido interpretada como una señal de diversificación en la tradicional dependencia militar de Washington, aunque componentes clave del Gripen, como el motor, son de origen estadounidense y su electrónica está vinculada a una filial de una empresa israelí.