Al cumplirse 40 años de la tragedia de Armero, Colombia conmemora a las más de 23.000 víctimas y reflexiona sobre las lecciones en gestión del riesgo, mientras persiste el dolor por los cientos de niños que desaparecieron en medio del caos. En un acto de reparación histórica, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) desclasificó y entregó al Archivo General de la Nación el "Libro Rojo", un documento clave con registros de los menores rescatados tras la avalancha del 13 de noviembre de 1985. La catástrofe, provocada por la erupción del volcán Nevado del Ruiz, no solo evidenció fallas institucionales al no atender las advertencias científicas, sino que también dejó una herida abierta con la desaparición de aproximadamente 570 niños.
Muchos de ellos fueron dados en adopción, incluso de forma irregular, sin que sus familias biológicas tuvieran rastro. El "Libro Rojo", que consta de 179 registros y 44 fotografías, se convierte en una herramienta fundamental para las familias que, como las de Jenifer de la Rosa o Esperanza Fierro, han buscado a sus seres queridos por décadas. La directora del ICBF, Astrid Cáceres, pidió perdón a las víctimas por las omisiones de la entidad que impidieron los reencuentros. La historia de Omayra Sánchez, la niña de 13 años cuya agonía fue transmitida al mundo, sigue siendo el símbolo más potente del desastre. Su tumba en el camposanto de Armero es hoy un lugar de peregrinación.
La tragedia impulsó la creación del Sistema Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, aunque expertos señalan que las lecciones no se han aplicado por completo, como lo demostró la avalancha de Mocoa.
En resumenCuatro décadas después de que Armero fuera borrado del mapa, la conmemoración se centra en la memoria, la prevención de desastres y la esperanza de reunificar familias. La apertura del 'Libro Rojo' por parte del ICBF es un paso crucial en la larga búsqueda de los niños desaparecidos, una de las secuelas más dolorosas de la peor tragedia natural de Colombia.