El presidente Gustavo Petro ordenó la suspensión de toda comunicación y cooperación entre la inteligencia de la fuerza pública colombiana y las agencias de seguridad de Estados Unidos. La drástica medida se mantendrá mientras persistan los bombardeos estadounidenses a lanchas en el Caribe, acciones que el mandatario califica como una vulneración de los derechos humanos. La decisión del presidente Petro, comunicada a través de su cuenta en la red social X, marca un punto de inflexión en la histórica alianza de seguridad entre Colombia y Estados Unidos. El detonante de la suspensión son las operaciones antinarcóticos de Washington en el mar Caribe, que según los informes han causado 76 víctimas en lo que se describe como “operaciones extrajudiciales”. Petro fue enfático al afirmar que “la lucha contra las drogas debe subordinarse a los derechos humanos del pueblo caribeño”.
La tensión se incrementó tras la revelación de que el Reino Unido también habría suspendido su cooperación de inteligencia con EE.
UU. por considerar estos ataques como “ilegales”.
Esta medida podría significar la primera ruptura oficial en la cooperación militar entre la fuerza pública colombiana y su principal aliado histórico. La cooperación ha sido un pilar fundamental, especialmente en la lucha contra el narcotráfico, y ya había estado en vilo cuando Estados Unidos analizó descertificar a Colombia, aunque finalmente mantuvo los lazos con las fuerzas armadas. La reacción de la cúpula militar y de defensa ha sido de cautela. El director de la Policía Nacional, brigadier general William Rincón Zambrano, evitó pronunciarse directamente sobre la orden, calificando el asunto como de carácter diplomático y no policial.
“No son temas de Policía, son temas diplomáticos, nosotros tenemos que ver con convivencia y seguridad”, declaró.
Este silencio contrasta con la contundencia del anuncio presidencial, que congela temporalmente áreas clave de coordinación en operativos conjuntos contra el crimen transnacional.
En resumenLa orden del presidente Petro de suspender la cooperación en inteligencia con Estados Unidos, en respuesta a los bombardeos en el Caribe, genera una crisis diplomática sin precedentes y pone en riesgo una alianza estratégica de décadas. La medida, que subordina la lucha antinarcóticos a los derechos humanos, podría afectar gravemente las operaciones conjuntas contra el crimen organizado mientras la cúpula militar mantiene una postura cautelosa.