Las sanciones a empresas como Huawei han incentivado su desarrollo tecnológico autónomo, mientras que la industria china de vehículos eléctricos ya supera a la de Occidente en áreas clave como las baterías. El análisis también destaca el desgaste del dólar como moneda de reserva global, debilitado por un déficit acumulado de 38 billones de dólares y la congelación de activos de países como Rusia, lo que ha impulsado a naciones del grupo BRICS a comerciar en sus propias monedas y a aumentar sus reservas de oro. Finalmente, el masivo endeudamiento global post-pandemia y la creciente tensión geopolítica, especialmente el riesgo de un conflicto abierto entre Israel e Irán que podría interrumpir el suministro mundial de petróleo, completan un panorama donde la crisis parece una consecuencia previsible.