Pese a ello, el encuentro produjo anuncios concretos de inversión. La presidenta del Banco Europeo de Inversiones (BEI), Nadia Calviño, anunció un paquete de más de 1.300 millones de dólares para la región, que incluye 200 millones para una central de energía solar en Colombia. Por su parte, la CAF (Banco de Desarrollo de América Latina) comprometió 40.000 millones de dólares para el crecimiento verde y 300 millones para modernizar los aeropuertos de Santa Marta y Tolú. El presidente Petro, en su discurso de apertura, instó a ambas regiones a ser un “faro de luz en medio de la barbarie”, refiriéndose a los conflictos en Gaza y Ucrania, y a los recientes bombardeos estadounidenses en el Caribe. En respuesta, la alta representante de la UE, Kaja Kallas, defendió el derecho internacional, afirmando que la UE solo avala el uso de la fuerza “en defensa propia o con mandato de la ONU”. La elección de Santa Marta como sede, aunque simbólica, evidenció desafíos logísticos, obligando a algunas delegaciones a aterrizar en aeropuertos cercanos y generando un masivo despliegue de seguridad.