El acuerdo no solo le otorga el control sobre la plataforma y el equipo de desarrollo de Intersect, sino también sobre los activos en desarrollo existentes que, según se informa, ya estaban contratados por Google.

Esto sugiere que la compra formaliza y profundiza una relación preexistente, asegurando un suministro de energía más estable y predecible para sus operaciones. La creciente demanda de sus servicios de inteligencia artificial y computación en la nube requiere de centros de datos que consumen enormes cantidades de energía. Al adquirir una compañía de desarrollo energético, Google busca garantizar la escalabilidad y sostenibilidad de su infraestructura, un factor cada vez más crítico para las grandes tecnológicas. La operación subraya la convergencia entre la industria tecnológica y el sector energético, donde el acceso y control de las fuentes de energía se ha convertido en una ventaja competitiva fundamental para sostener el crecimiento en la era de la IA.