Este movimiento se produce en un momento en que Puma ha debido reforzar su estructura financiera para garantizar su liquidez.

Puma atraviesa una profunda crisis económica, con una caída del 8,5 % en sus ventas y pérdidas superiores a los 300 millones de euros durante los primeros nueve meses de 2025. Esta presión sobre su balance obligó a la compañía a buscar nueva financiación, asegurando un paquete de más de 608 millones de euros, que incluye un préstamo puente de 500 millones de euros con Banco Santander y líneas de crédito adicionales. En medio de este escenario, las acciones de la compañía, que acumulaban una caída superior al 56 % en el año, se dispararon hasta un 13,2 % en la Bolsa de Fráncfort. El catalizador de este repunte fue la noticia de que Anta Sports Products, propietaria de marcas como Fila, habría trabajado con un asesor para evaluar una oferta potencial por Puma, incluyendo la posibilidad de asociarse con una firma de capital privado. La capitalización bursátil de Puma se había reducido a cerca de 2.700 millones de euros, una cifra considerablemente baja para un actor histórico del sector. El interés de Anta Sports evidencia cómo los jugadores asiáticos buscan consolidar su posición en el mercado global, aprovechando momentos de debilidad de marcas occidentales tradicionales.