Que, de ser de mis mayores competencias, se ha vuelto uno de mis grandes hermano”. La noche también tuvo momentos de profunda vulnerabilidad, como cuando el artista rompió en llanto tras ver un video sorpresa de su pareja, Valentina Ferrer, y su hijo Río, antes de interpretar la canción que lleva el mismo nombre. Este concierto no solo funcionó como una celebración de sus más de dos décadas de carrera, sino como un regalo a la ciudad que lo vio crecer, reafirmando a Medellín como un epicentro de la música urbana global.