Su reacción contundente en plena tarima fue ampliamente respaldada y enviada como un mensaje claro contra la normalización del acoso en eventos masivos.
El hecho ocurrió cuando un hombre, invitado a subir al escenario, aprovechó la cercanía para tocar a la cantante sin su consentimiento.
La respuesta de Del Castillo fue inmediata: interrumpió el espectáculo, se apartó del fanático y expresó su molestia de forma vehemente ante miles de espectadores, dejando claro que ese tipo de conductas son intolerables. Acto seguido, solicitó la intervención de su equipo de seguridad.
El episodio, captado en video por múltiples asistentes, generó un fuerte apoyo hacia la artista en redes sociales. Miles de usuarios condenaron el comportamiento del seguidor y aplaudieron la firmeza de la cantante para establecer un límite en vivo. El incidente fue interpretado no como un hecho aislado, sino como un reflejo de una problemática mayor sobre la seguridad de las mujeres en espacios públicos y el derecho de los artistas a no ser sometidos a contacto físico no autorizado, independientemente de su cercanía con el público o su forma de vestir. Aunque la artista no emitió un comunicado posterior, su acción en el escenario fue considerada una declaración en sí misma.












