La actriz, que redefinió la liberación femenina, deja un legado complejo que entrelaza el arte, el activismo animal y una cercanía con la ultraderecha. La noticia, confirmada por su fundación, marcó el fin de una era para el cine europeo. Bardot, quien se retiró de la actuación en 1973 a los 39 años para dedicarse por completo a la defensa de los animales, fue una figura de dualidades. Por un lado, es recordada como la estrella de “Y Dios creó a la mujer”, un símbolo de sensualidad y libertad que influyó en la moda y la cultura pop global. Por otro, su imagen se vio manchada por su abierto respaldo a figuras de la ultraderecha francesa como Jean-Marie Le Pen y su hija Marine, además de haber sido condenada por difamación debido a declaraciones sobre migración. Esta tensión se reflejó en las reacciones a su muerte.

Mientras el presidente Emmanuel Macron la homenajeó como la encarnación de “una vida de libertad” y una “leyenda del siglo”, líderes de la ultraderecha como Eric Ciotti pidieron un homenaje nacional. La propia Marine Le Pen la describió como “extraordinariamente francesa: libre, indomable y fiel a sí misma”.

En contraste, su última voluntad, revelada en sus escritos, era tener un funeral íntimo, lejos de la “multitud de idiotas”, reflejando su deseo de privacidad en sus últimos años.