En una entrevista con The New York Times, Cabot admitió su error: “Tomé una mala decisión.

Tomé un par de High Noons, bailé y actué de forma inapropiada con mi jefe”.

Tras el escándalo, ambos renunciaron a sus cargos.

Cabot afirmó que fue el “precio que eligió pagar”, aunque la empresa le ofreció regresar, propuesta que rechazó al sentir que su imagen estaba irremediablemente dañada.

“Me convertí en un meme.

Fui la gerente de recursos humanos más difamada en la historia de recursos humanos”, declaró. La viralización tuvo un lado oscuro; Cabot confesó haber recibido hasta 600 llamadas diarias y cerca de 60 amenazas de muerte.

El impacto en su vida familiar fue profundo, reconociendo que sus hijos “están enfadados” con ella y que ha perdido amistades y vínculos familiares. Con su testimonio, busca visibilizar el costo humano detrás de un fenómeno viral que trascendió el entretenimiento para marcar su vida de forma permanente.