En su docuserie “Taylor Swift: The Eras Tour”, la cantante mostró una faceta íntima al abordar eventos traumáticos que marcaron su gira.
Rompió en llanto al recordar el asesinato de tres jóvenes fanáticas en el Reino Unido y confesó el miedo que sintió tras frustrarse un complot terrorista del Estado Islámico que buscaba un atentado masivo en sus conciertos de Viena.
“Siento que… estoy patinando sobre hielo delgado”, expresó, revelando la fragilidad que la acompañó al volver al escenario.
Esta apertura sobre su salud emocional le permitió conectar con su audiencia a un nivel más profundo.
Paralelamente, Swift ha librado una batalla pública por el control de su obra. En una entrevista, reveló que la mayor parte de los ingresos de su histórica gira “Eras Tour” se destinó a recuperar la propiedad de sus másters, imágenes y todo el material audiovisual de su carrera, un proceso que inició tras la disputa con Scooter Braun. “Mis fans son la razón por la que pude recuperar mis másters”, aseguró, reconociendo el papel de sus seguidores en su independencia artística. Al adquirir los derechos de sus primeros seis álbumes, Swift no solo aseguró su legado, sino que también envió un poderoso mensaje a la industria musical sobre la propiedad intelectual.
Su respuesta a estas crisis demuestra una notable capacidad para transformar la adversidad en una narrativa de empoderamiento y control.







