Relató que, tras grabar una escena bajo un calor intenso, entró a un estudio con aire acondicionado, lo que provocó la inflamación del nervio facial.

“Al día siguiente se me apaga el ojo, se me apaga la boca”, expresó, describiendo cómo la parte derecha de su rostro perdió movilidad de forma repentina.

El actor compartió las profundas secuelas que esta condición le dejó, afectando funciones básicas y su capacidad para comunicarse.

“Me tocó volver a hablar, aprender a hablar cuando ya sabía hablar… se me caía la boca”, narró, evidenciando el impacto no solo físico sino también psicológico del episodio.

Aunque la parálisis facial suele ser temporal, en su caso las consecuencias se han extendido por años, y confesó que aún hoy sigue teniendo molestias.

Al compartir su historia, Baptista ofrece una mirada íntima a una lucha que había mantenido en privado.

Su decisión de hablar públicamente sobre este tema se enmarca en un espacio que busca precisamente normalizar la expresión de las emociones masculinas. Esta respuesta pública no solo genera empatía, sino que también sirve como un testimonio de superación, mostrando cómo un actor, cuya herramienta principal es su expresión facial, pudo construir una exitosa carrera a pesar de una adversidad tan significativa.