Durante sus conciertos en Buenos Aires, invitó a sus hijos, Milan y Sasha, a interpretar en vivo la canción “Acróstico”, un momento que fue descrito como emotivo y que humanizó su imagen ante 45.000 personas. Esta dualidad, entre la artista que expone su dolor sin filtros y la madre que comparte el escenario con sus hijos, ha sido fundamental en su estrategia para manejar la crisis personal, demostrando que ha aprendido a “estar agradecida por lo que tengo en lugar de desear lo que me falta”.