Ante los ataques, Bosch respondió con firmeza: “Aunque estos ataques duelen, no me definen” y “No voy a esconderme y a pedir permiso para brillar”.

La controversia se intensificó con la renuncia de dos jueces antes de la final, uno de los cuales, Omar Harfouch, alegó que el concurso fue manipulado mediante una “votación secreta e ilegítima”. A esto se suman señalamientos sobre un presunto conflicto de interés, ya que el padre de Bosch es un alto funcionario de Pemex y el copropietario del certamen, Raúl Rocha Cantú, es contratista de dicha petrolera y, además, es investigado por la Fiscalía de México por presuntos vínculos con el crimen organizado.

La tensión interna también fue evidente semanas antes, cuando un ejecutivo del certamen en Tailandia increpó a Bosch llamándola “tonta” y “cabeza hueca”, lo que la hizo abandonar una reunión entre lágrimas.

Como respuesta a la creciente inestabilidad, Olivia Yacé, Miss Costa de Marfil, renunció a su título continental de Miss Universo África y Oceanía, citando la necesidad de mantenerse fiel a sus valores de “respeto, dignidad, excelencia e igualdad de oportunidades”.