“No podía pararme frente a las cámaras legitimando un voto en el que nunca participé”, afirmó.
Sus acusaciones fueron más allá, asegurando que la elección de Bosch como ganadora ya estaba “pactada” 24 horas antes de la final, debido a supuestos vínculos comerciales entre el propietario del certamen, Raúl Rocha, y el padre de la concursante mexicana. Harfouch calificó a Bosch como una “ganadora falsa” y anunció que consultaría a un bufete de abogados en Nueva York para evaluar acciones legales por “fraude, abuso de poder, corrupción y conflicto de intereses”.
La crisis de credibilidad se profundizó con la renuncia de otros dos jurados, el exfutbolista Claude Makélélé y, según reportes, la presidenta del comité, Camilla di Borbone delle Due Sicilie.
La Organización Miss Universo respondió negando las acusaciones, afirmando que sus procesos son “transparentes y supervisados” y que Harfouch pudo haberse referido a un programa independiente sin influencia en la competencia. Por su parte, Fátima Bosch, quien ya había ganado notoriedad tras un altercado con el director tailandés del certamen, Nawat Itsaragrisil, quien la llamó “tonta”, declaró tras su triunfo que busca “cambiar el prototipo de lo que es una Miss Universo”. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, celebró su victoria, destacando su valentía al alzar la voz ante las injusticias.








