“¡Asesinos!
Clínica Portoazul Barranquilla”, escribió, detallando que estuvo “tirado en una camilla oxidada... sin revisión ni tratamiento del dolor”.
Su estrategia fue responsabilizar directamente a la institución por su desenlace: “Si algo me ocurre en los próximos días dentro o fuera de esta institución, hago responsable a la Clínica Portoazul y a todo su personal médico administrativo”. Este acto de denuncia pública en sus últimos momentos de vida transformó su caso en un símbolo de la lucha de los pacientes oncológicos en Colombia. Ante la crisis de imagen y la presión mediática, la Clínica Portoazul Auna emitió un comunicado oficial el 18 de octubre. En su respuesta, la institución rechazó los señalamientos, asegurando que el paciente recibió “atención integral y oportuna conforme a los protocolos de calidad establecidos”. Aunque el centro médico reconoció que “hubo desafíos en la interacción médico-paciente”, defendió la actuación de su equipo, sosteniendo que actuó con profesionalismo. La clínica expresó sus condolencias y manifestó su disposición a colaborar con las investigaciones, declarando estar “dispuestos a entregar toda la información necesaria para esclarecer los hechos”.








