El alcalde de Barranquilla, Alejandro Char, se vio envuelto en una controversia personal y legal que culminó con el reconocimiento de un hijo de 33 años. Tras un proceso judicial, Char asumió públicamente su paternidad, gestionando la situación a través de una estrategia de comunicación directa. La historia se hizo pública después de que el Juzgado Primero de Familia de Bogotá fallara a favor de Steven Castellanos Ramos, quien interpuso una demanda para ser reconocido como hijo biológico del mandatario. El proceso se inició en 2024 cuando Steven, al cumplir 33 años, conoció por confesión de su madre, Diana Ramos, que su padre era Char, con quien ella tuvo una relación en 1991. Durante el litigio, Char se negó en dos ocasiones a practicarse la prueba de ADN ordenada por el juzgado, una en diciembre de 2024 y otra en junio de 2025. Según la legislación colombiana, esta negativa se considera una presunción de paternidad.
Finalmente, ante el fallo judicial inminente, la estrategia de Char cambió. El 20 de agosto de 2025, presentó un memorial solicitando el reconocimiento voluntario. En un comunicado público, el alcalde confirmó su decisión, explicando su postura.
“Es importante destacar que solo después de 33 años tuve conocimiento de la existencia de Steven, quien contaba con reconocimiento paterno de otra persona”, afirmó Char, y añadió que la decisión la tomó “en conjunto con mi familia”. Con esta declaración, Char buscó controlar la narrativa, presentándose como una persona que, una vez informada de la situación, actúa con responsabilidad. El fallo judicial ordenó modificar el registro civil del joven para que figure como Steven Char Ramos, poniendo fin a una batalla legal de más de tres décadas y cerrando un capítulo personal significativo en la vida de una de las figuras políticas más importantes del Caribe colombiano.
En resumenTras negarse a pruebas de ADN, el alcalde Alejandro Char reconoció voluntariamente a su hijo de 33 años, Steven Castellanos, después de un fallo judicial. Su respuesta pública se centró en presentarse como un actor responsable que desconocía la situación, una estrategia para gestionar las implicaciones personales y políticas del escándalo.