El video generó opiniones divididas en las plataformas digitales.

Mientras un sector de los usuarios calificó el acto como una “falta de respeto” y una invasión a su espacio personal, asegurando que la artista lució incómoda, otros defendieron al fan, argumentando que se trata de un seguidor conocido por Shakira desde hace años. Más allá de las distintas interpretaciones, el episodio puso nuevamente sobre la mesa la discusión sobre el consentimiento y el respeto a la integridad de las figuras públicas, incluso en contextos de euforia y admiración.