El video, que superó los 100 millones de vistas, desató acusaciones de infidelidad, ya que ambos estaban casados.
Cabot admitió haber tomado una mala decisión: “Tomé un par de High Noons, bailé y actué de forma inapropiada con mi jefe”.
Tras el escándalo, renunció a su cargo, un precio que, según dijo, “eligió pagar”.
Aunque la compañía le ofreció regresar, ella lo rechazó, afirmando: “Me convertí en un meme.
Fui la gerente de recursos humanos más difamada en la historia de recursos humanos”. El impacto fue más allá de lo profesional.
Cabot confesó que el episodio afectó su relación con sus hijos, quienes siguen enfadados con ella, y que recibió hasta 600 llamadas diarias y amenazas de muerte. Lamentó haber perdido amistades y el apoyo de familiares, y desmintió los rumores de que era una “cazafortunas”. Mientras Andy Byron ha permanecido en silencio, la versión de Cabot visibiliza las graves consecuencias humanas detrás de un momento viral que trascendió el entretenimiento.








