Mientras avanzaba el espectáculo, comenzó a sentirse mal repentinamente.

“Veía todo negro”, recordó Balvin, explicando que alertó a su equipo por el intercomunicador de que se sentía desorientado y con el rostro completamente frío. Un médico subió de inmediato al escenario y le diagnosticó cerca de 190 pulsaciones por minuto, una cifra que lo colocaba en una situación de grave riesgo cardíaco.

La tensión aumentó cuando su madre, angustiada, le pidió desde bastidores que detuviera el concierto para proteger su vida.

El cantante fue retirado momentáneamente para recibir atención de urgencia.

Como medida inmediata, su equipo médico le recomendó consumir azúcar para recuperar energía, por lo que ingirió tres helados.

Aunque el alivio fue rápido, confesó que vino acompañado de un fuerte bajón posterior cuyos efectos aún sentía.

A pesar del susto, J Balvin logró completar la presentación, pero el episodio lo obligó a reforzar el acompañamiento médico y ajustar su preparación para su siguiente concierto en Bogotá, consciente de que su salud debía ser la prioridad.