La operación, que aún debe ser aprobada por los reguladores en Estados Unidos, ha generado preocupación en el Congreso estadounidense por la entrada de un Estado extranjero con control mayoritario sobre un productor global de contenido digital.

Por su parte, EA ha asegurado que mantendrá su autonomía creativa.

Este movimiento forma parte de la estrategia “Visión 2030” de Arabia Saudita para diversificar su economía y reducir la dependencia del petróleo, habiendo invertido ya en empresas como Nintendo, Take-Two y Capcom. Sin embargo, el PIF enfrenta presiones financieras por megaproyectos como la ciudad futurista Neom y la preparación para el Mundial de la FIFA 2034, lo que ha generado informes sobre una posible pausa en nuevas inversiones. A pesar de esto, la compra de EA sería su movimiento más ambicioso hasta la fecha en el sector de los videojuegos.