La integración surge como una respuesta a esta fragilidad, permitiendo a Tigo y Movistar alcanzar una escala operativa y financiera necesaria para competir de manera viable al unir sus redes y espectro.

Sin esta unión, existía el riesgo de que uno de los dos operadores se volviera inviable, lo que reduciría la competencia efectiva en el mercado. La SIC impuso un conjunto riguroso de condiciones para la aprobación, entre las que se incluyen tarifas mayoristas más favorables para los Operadores Móviles Virtuales (OMV), topes al roaming automático nacional en beneficio de WOM y futuros operadores, y la prohibición de prácticas comerciales que puedan desplazar a competidores de menor tamaño. Para los usuarios, se espera que la red unificada sea más robusta, con mejor calidad de servicio y mayor cobertura, mientras que las condiciones para los OMV podrían traducirse en mejores precios al consumidor.