Varios artículos periodísticos hacen eco de este sentimiento, señalando que, “pese a esta tendencia favorable, miles de personas todavía viven la preocupación diaria de no tener un ingreso estable”. Se subraya que la mejora en las cifras “no refleja la realidad de quienes siguen sin un empleo estable”, una situación que se vuelve particularmente crítica durante la temporada de fin de año, cuando los compromisos económicos y los gastos familiares aumentan considerablemente. Esta percepción puede deberse a que la tasa de desocupación no mide aspectos cualitativos del empleo, como la calidad de los puestos de trabajo, la duración de los contratos, el nivel de los salarios o el subempleo. Por lo tanto, aunque menos personas estén clasificadas como desempleadas, muchas pueden encontrarse en empleos temporales, informales o con ingresos insuficientes para cubrir sus necesidades, lo que explica la persistencia de la angustia económica a nivel de los hogares.