Esta problemática afecta de manera desproporcionada a las poblaciones más vulnerables. En Bogotá, gran parte de la población migrante, que supera el medio millón de personas, depende de actividades informales para su sustento. De igual manera, la región Caribe se caracteriza por altos niveles de informalidad, lo que contribuye a la inestabilidad económica de sus habitantes y agrava otros problemas sociales. La falta de un empleo formal no solo implica bajos salarios, sino también la ausencia de protección en salud, pensiones y riesgos laborales, lo que atrapa a las familias en un ciclo de vulnerabilidad del que es difícil escapar. Por ello, los análisis coinciden en que el verdadero reto para Colombia no es solo crear más puestos de trabajo, sino asegurar que estos sean formales y dignos.