En el extremo positivo del espectro se encuentran ciudades como Villavicencio (6,8 %), Medellín (6,9 %) y Bucaramanga (7,3 %), que registran las tasas de desempleo más bajas del país. A este grupo se suma Pereira, que ha mostrado una notable mejoría al reducir su tasa de 10,9 % a 7,9 %, afianzándose entre las ciudades con menor desocupación. Este éxito se atribuye en parte a estrategias locales que fomentan la creación de empresas y la inversión. Sin embargo, la situación es drásticamente diferente en otras zonas.

Quibdó encabeza la lista con una alarmante tasa del 23,9 %, seguida por Sincelejo (12,3 %) y Riohacha (12,2 %). Ibagué, aunque ha logrado reducir su tasa a 9,5 %, saliendo del top cinco de las ciudades con mayor desempleo, todavía se mantiene por encima del promedio nacional.

La región Caribe también es mencionada como una zona con altos niveles de desempleo e informalidad, lo que agrava problemas sociales como la pobreza energética.

Estas diferencias territoriales reflejan desigualdades estructurales en infraestructura, acceso a servicios y oportunidades de empleo formal, lo que perpetúa ciclos de pobreza y limita el desarrollo equitativo en el país.

La heterogeneidad del mercado laboral colombiano exige, por tanto, políticas públicas diferenciadas y adaptadas a las realidades de cada territorio para cerrar estas brechas.