Este incremento sugiere que una parte significativa de los nuevos empleos carece de prestaciones sociales, seguridad social y estabilidad.
Un análisis crítico señala que la informalidad es el "verdadero termómetro del bienestar laboral" y que la regulación actual, con un salario mínimo elevado en comparación con el salario mediano, podría estar empujando a millones de personas hacia esquemas precarios. El informe del Banco de la República corrobora esta visión estructural, destacando que Colombia presenta un bajo peso del empleo asalariado (cerca del 35%) en comparación con el promedio de América Latina, y una alta proporción de trabajo por cuenta propia. Esta realidad profundiza la exclusión del mercado laboral formal y perpetúa ciclos de pobreza, ya que los empleos informales dificultan el acceso a ingresos estables y dignos, limitando las oportunidades de desarrollo para miles de familias.













