Este comportamiento positivo también se reflejó en un aumento de la tasa global de participación al 65% y de la tasa de ocupación al 59,7%, indicando que más personas ingresaron a la fuerza laboral y lograron emplearse.

Sin embargo, el panorama presenta matices complejos.

La brecha de género sigue siendo una barrera estructural, con una tasa de desempleo femenino del 10,9% frente al 6,2% masculino. Adicionalmente, la mejora en la ocupación no se tradujo en una mayor formalidad; por el contrario, la tasa de informalidad a nivel nacional aumentó al 56,1%. El presidente Gustavo Petro atribuyó los resultados positivos al fortalecimiento de la producción agrícola e industrial, destacando que, de mantenerse la tendencia, el país podría alcanzar la tasa de desempleo más baja del siglo. No obstante, el crecimiento del trabajo por cuenta propia y la caída en sectores como el comercio y la construcción plantean interrogantes sobre la sostenibilidad y calidad del empleo generado.