Caída de la natalidad en Colombia se vincula a la inestabilidad económica y laboral
Colombia experimenta una notable disminución en su tasa de natalidad, un fenómeno que los análisis recientes asocian directamente con las tensiones económicas y la precariedad del mercado laboral. Esta tendencia refleja una profunda transformación social donde la decisión de tener hijos está cada vez más condicionada por la estabilidad financiera y las oportunidades de desarrollo profesional. En 2024, el país registró la cifra de nacimientos más baja de la última década, con una caída del 13,7 % respecto al año anterior. Una investigación de la Universidad Manuela Beltrán (UMB) profundiza en las causas, revelando que el costo de criar un hijo hasta los 23 años puede oscilar entre 385 y 2.250 millones de pesos, dependiendo del estrato socioeconómico. Este costo, calificado como una “carga financiera desproporcionada” por el sociólogo Luis Barragán de la UMB, se enfrenta a la realidad de los ingresos, la inestabilidad laboral y el acceso limitado a vivienda y salud. Un sondeo realizado por la misma universidad encontró que el 80 % de los jóvenes que dudan en tener hijos lo hacen por miedo a la situación económica. Otro factor clave es la dificultad para conciliar la vida laboral con las responsabilidades de cuidado, una carga que recae desproporcionadamente sobre las mujeres. La falta de políticas públicas efectivas en esta materia agrava el problema, desincentivando la paternidad y maternidad. Este escenario no solo es una respuesta a un modelo económico que, según Barragán, “convierte la crianza en un privilegio, no en un derecho”, sino que también plantea serios desafíos demográficos a largo plazo, como el envejecimiento acelerado de la población y la presión sobre los sistemas de pensiones y salud.

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Los Saladunos recuperaron su cementerio tras 14 años de abandono jferreira Lun, 12/01/2026 - 06:50 Fecha nodo Lun, 12/01/2026 - 06:50 Image /sites/default/files/imagenes/2026/01/IMAGEN%20A%20%20-%20Recuperaci%C3%B3n%20del%20Cementerio%20de%20El%20Salado.%20%281%29%20%281%29.jpg Body Durante más de diez años, el cementerio del barrio El Salado permaneció en estado de abandono. El último entierro del que se tiene registro fue el del señor Nepo y ocurrió en agosto de 2011. Desde entonces, el lugar se había convertido en un lugar para el consumo de sustancias y profanación de tumbas.La transformación comenzó el pasado 17 de mayo, cuando un grupo de habitantes decidió organizarse para recuperar el campo santo. La iniciativa nació directamente desde la comunidad, motivada por la necesidad de dignificar un espacio que guarda la memoria de varias generaciones del barrio.“La problemática surgió por parte de la iniciativa de la comunidad, de varios ciudadanos y varias ciudadanas, de la mitigación del tema del consumo y del abandono del campo santo”, explicó José Rodrigo Bocanegra, líder del proyecto, quien es oriundo de El Salado.Según explicó, la situación del cementerio reflejaba una problemática más profunda: “La comunidad pudo dimensionar la problemática que teníamos de consumo, en el tema de brujerías, en los temas de exorcismos, todos los temas malos que estábamos viviendo hace muchos tiempos, pero nunca habíamos tomado una determinación”, señaló.Un proyecto impulsado por y para la comunidadLa primera fase del proyecto fue una jornada de limpieza general, en la que participaron y aportaron habitantes del barrio de manera voluntaria. Posteriormente, a finales de mayo, la comunidad tomó una decisión clave:.“Por iniciativa de la comunidad se tomó la decisión de encerrar, hacer un muro inicialmente”, explicó Bocanegra. El cerramiento consistió en un muro de aproximadamente 66 metros de largo y tres metros de altura, equivalente a cerca de 202 metros cuadrados, construido con alrededor de 8.500 ladrillos. Protección de tumbas y recuperación de la capillaUna vez asegurado el perímetro, el proyecto avanzó el embellecimiento y la protección del interior. Se realizó el pañete del muro, se protegieron más de 80 tumbas que estaban siendo profanadas y se retomó la recuperación de la capilla.“Se tomó la decisión ya de pañetar y retomar el tema de la capilla, todo el piso y todo el tema de pintura”, explicó José. Retomar tradiciones y fortalecer lo espiritualUno de los objetivos centrales de la comunidad es recuperar una tradición de más de 80 años: la celebración de misas los lunes a las cinco de la tarde. “Ya lograr iniciar las misas, que es lo que pide la comunidad. Que todos los lunes a las 5 de la tarde, como es tradición, hace más de 80 años, se empiece”, afirmó Bocanegra.El proyecto también tiene un componente espiritual y simbólico que va más allá de la infraestructura. “No hay familia del Salado que no tenga a alguien querido ahí..Lo que más le enorgullece a uno es que personas de 60, 50 o 30 años vengan a limpiar su tumba, a decir: aquí está mi abuelita, mi papá, mi tía, mi hermanito”, agregó. Como parte del proceso de recuperación del cementerio, la comunidad también impulsó la creación de un mural en uno de los muros del campo santo, concebido como un acto simbólico de memoria y resignificación del espacio. La obra, elaborada con apoyo de artistas locales y vecinos del barrio, busca rendir homenaje a quienes reposan allí y enviar un mensaje de respeto por la vida y la historia del sector.“El mural representa lo que somos como comunidad, nuestra memoria, nuestras raíces y el respeto por quienes ya no están”, explicó José Rodrigo Bocanegra, al señalar que la pintura se convirtió en una forma de sanar colectivamente un lugar que por años estuvo asociado al miedo y al abandono.Además de embellecer el entorno, el mural cumple una función pedagógica y preventiva, al transformar visualmente el cementerio en un espacio digno, cuidado y vigilado por la misma comunidad. Para los habitantes de El Salado, esta expresión artística refuerza el sentido de pertenencia y deja claro que el campo santo ya no es un lugar olvidado, sino un territorio recuperado para la memoria y la convivencia.Un enfoque ambiental y socialLa recuperación del cementerio también incluye un componente ambiental. La comunidad proyecta la siembra de aproximadamente 150 plantas en la periferia del terreno, con el fin de favorecer el nidaje de aves:“La idea es que ahí puedan hacer nidaje y estén tranquilos, porque ya el cementerio está cerrado”, explicó Bocanegra, quien destacó que en las tardes es común ver bandadas de aves regresar al sector.Además, se instalaron tres luminarias en la parte externa del cementerio. Actualmente, se adelantan trámites para la instalación de cámaras de seguridad y programas de apoyo social para continuar las labores de mantenimiento.José Bocanegra enfatizó que el proyecto no tuvo ningún interés económico: “Fue más por el hecho de querer ver mejor el cementerio de la comuna”, señaló. La participación comunitaria fue clave tanto en la toma de decisiones como en la ejecución del proyecto.“La unión de la comunidad fue lo que logró que el proyecto saliera adelante, porque no fue fácil recoger dinero”, afirmó. Más allá del cementerioAunque el proyecto ha tenido un impacto significativo, la comunidad de El Salado ya identifica otros retos. Bocanegra considera prioritario fortalecer la atención en salud, al advertir que el centro existente no responde a las necesidades del barrio.“Estamos expuestos a un incendio, a un choque, y el centro de salud que tenemos ya colapsó”, declaró , señalando la necesidad de una unidad intermedia de atención.También mencionó la importancia de fortalecer la educación y generar oportunidades para jóvenes y madres cabeza de familia, a través de la llegada de instituciones como el SENA o la Universidad del Tolima al sector.Un mensaje para otras comunidadesPara Bocanegra, la experiencia de El Salado deja una lección clara. “La unión hace la fuerza”, expresó. Según él, identificar las verdaderas necesidades del territorio permite canalizar esfuerzos y generar transformaciones reales.Finalmente, hizo un llamado a pensar en el largo plazo: “Yo siempre me enfoco a 50 años, pensemos en el futuro y en la otra persona”, concluyó.La recuperación del cementerio de El Salado no solo devolvió dignidad a un espacio histórico, sino que se convirtió en un ejemplo de cómo la unión comunitaria puede transformar escenarios marcados por el abandono, el miedo y la indiferencia. Creado por REDACCIÓN IBAGUÉ

Hay tragedias que no solo duelen: engañan.*La del vuelo HK-161 de Avianca es una de... The post La Navidad oscura del HK-161 appeared first on INFORMATIVO DEL GUAICO.

Manuel, el embolador que lleva 25 años trabajando en el parque Murillo Toro ezamora2 Lun, 12/01/2026 - 06:49 Fecha nodo Lun, 12/01/2026 - 06:49 Image /sites/default/files/imagenes/2026/01/Manuel%2C%20el%20embolador%20que%20lleva%2025%20a%C3%B1os%20trabajando%20en%20el%20parque%20Murillo%20Toro%20%281%29.jpg Body A las 5:40 de la mañana, cuando Ibagué apenas despierta, Manuel Gaviria de 51 años de edad, ya está sentado en su puesto del Parque Murillo Toro. Frente a él, una caja de madera, cepillos gastados por los años y trapos que han visto pasar cientos de zapatos. Detrás, 25 años de oficio y una rutina marcada por la constancia más que por la ganancia.Manuel es ibaguereño y desde hace un cuarto de siglo se dedica a embolar zapatos. No lo hace por tradición heredada ni por romanticismo urbano, sino por necesidad. “Hay días que uno trabaja, pero no alcanza ni a ganarse el mínimo”, dice con franqueza. Algunos días salen diez o doce mil pesos; otros, cuando hay más clientes, puede llegar a sesenta mil. No hay salario fijo, ni prestaciones, ni certezas. Solo la esperanza de que alguien se siente frente a él.El trabajo comienza con observar el material: si es zapatilla, va champú especial; si es cuero, betún; si requiere cuidado, crema de potro. Manuel conoce cada proceso al detalle. Para mantener su puesto debe invertir cerca de 120 mil pesos en insumos, una cifra que pesa cuando la plata entra y sale sin posibilidad de ahorro. “Sería mentiroso decir cuánto queda”, explica. Aquí, sobrevivir también es administrar la incertidumbre. Puede leer: Miguel fue asesinado durante este fin de semana de fiestas en Tolima No todos los días son fáciles. Hay clientes agradecidos, otros indiferentes y algunos groseros. “Como en todo oficio”, resume. Aún así, Manuel insiste en el respeto como regla básica: la forma de hablar define si se gana un cliente o un enemigo. En ese pequeño espacio del parque, entre oficinas públicas y transeúntes, ha construido relaciones, amistades y reconocimiento silencioso.Su sueño laboral era otro. Se formó en construcción en el SENA, pero una enfermedad le cerró ese camino: no puede trabajar en alturas ni con maquinaria pesada. El cepillo, en cambio, no pone en riesgo su salud. Por eso se quedó. Por eso resiste. Con este oficio sostiene a su familia y agradece, cada día, a quienes entienden que embalar zapatos también es trabajo.Contó que logró establecerse en un pequeño cubículo de este espacio público gracias a la figura de confianza legítima, pues tras varios años de trabajo continuo en el lugar, la Gestora Urbana de Ibagué le permitió permanecer allí y ejercer su oficio de manera regular.Manuel Gaviria no pide lástima. Pide respeto. Su mensaje es claro: “Hay gente que nunca ha sabido qué es acostarse con una aguapanela”. Mientras tanto, él seguirá ahí, dándole brillo no solo al calzado, sino a un oficio que persiste, digno, en medio de la ciudad que muchas veces no se detiene a mirar.Asimismo, explicó que su puesto va más allá de ser una fuente de ingresos. Con el paso de los años, se ha convertido en un espacio de convivencia donde ha construido lazos con otros trabajadores del oficio. “Aquí en el parque Murillo Toro somos cinco conmigo”, relató.Sin embargo, también expresó su preocupación por la llegada de emboladores que se instalan de manera ocasional en el sector. Según indicó, algunos de ellos fijan una tarifa inicial y, una vez iniciado el servicio, incrementan el cobro por trabajos adicionales que el cliente no ha solicitado, una práctica que, advirtió, termina afectando la confianza de los usuarios y la imagen del oficio. Invisibilizados por unos, admirados por otros Un antecedente reciente de reconocimiento a este oficio se dio en diciembre de 2024 en Cartagena, donde la Gobernación de Bolívar entregó uniformes y herramientas de trabajo a emboladores de la Plaza de Bolívar. La iniciativa, recibida como un aguinaldo navideño, buscó mejorar sus condiciones laborales y resaltar su papel como parte fundamental de la vida del espacio público. Para ese momento, la administración departamental mencionó que estos trabajadores no solo prestan un servicio, sino que representan historia, cultura y tejido social, un enfoque que pone sobre la mesa la importancia de avanzar en políticas que dignifiquen este tipo de labores en otras ciudades del país.Dato: Gaviria aprovechó la entrevista para dejar su contacto en caso de que surja alguna oportunidad laboral. Las personas interesadas pueden comunicarse al 320 283 2698. Creado por Redacción Judiciales/Q'hubo

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