Para 2026, las proyecciones apuntan a que la tasa de cambio se mantendrá en niveles similares, con un promedio cercano a los $3.878, aunque con riesgos de volatilidad asociados a factores locales como el año electoral y la incertidumbre fiscal. El fortalecimiento del peso en 2025 fue impulsado principalmente por la debilidad global del dólar, cuyo índice DXY perdió un 9 % de su valor, y por factores internos como la monetización de recursos por parte del Gobierno. Según Bancolombia, la venta directa de TES al fondo Pimco por US$6.000 millones permitió inyectar cerca de US$3.000 millones al mercado cambiario a finales de diciembre, frenando una depreciación mayor.

Sin embargo, el inicio de 2026 ha mostrado volatilidad; en las dos primeras jornadas, la divisa llegó a perder $150 entre su máximo del viernes ($3.827) y su mínimo del martes ($3.701,15).

Analistas señalan que este movimiento podría estar influenciado por una inyección “artificial” de liquidez de cerca de US$1.000 millones por parte del Gobierno. A pesar de esto, la perspectiva estructural de una Reserva Federal menos restrictiva y el atractivo del ‘carry trade’ por las altas tasas de interés locales seguirían favoreciendo al peso. Fedesarrollo, por su parte, proyecta una tasa de cambio promedio de $3.943 para 2026, advirtiendo sobre presiones de depreciación por la incertidumbre política.