Esto significa que a temperatura ambiente no puede fluir por las tuberías y requiere ser mezclado con diluyentes importados o procesado en mejoradores especializados, lo que añade una capa de complejidad técnica y dependencia externa a su explotación.

A pesar de este enorme potencial, la capacidad de producción ha disminuido drásticamente en las últimas dos décadas.

Las sanciones impuestas por Estados Unidos han limitado severamente la capacidad del país para exportar su crudo y monetizar sus reservas.

El presidente Donald Trump ha identificado la industria petrolera venezolana como una prioridad, y se estima que el valor de estas reservas podría alcanzar los US$24,3 billones.

En comparación, otros países de la región tienen reservas significativamente menores: Canadá posee 163.000 millones de barriles, Brasil 15.890 millones y Colombia poco más de 2.000 millones.