El oro en lingotes registró en 2025 su mayor alza anual desde 1979, con un incremento del 68 %.

Este repunte fue impulsado por una combinación de factores, incluyendo la expectativa de una reducción en las tasas de interés en Estados Unidos, una fuerte demanda por parte de los bancos centrales a nivel mundial y la búsqueda de activos seguros ante las crecientes tensiones geopolíticas. Analistas citados por Reuters proyectan que la tendencia alcista podría continuar en 2026, con un objetivo cercano a los US$4.500 por onza. Por su parte, la plata experimentó una valorización aún más pronunciada, con un aumento del 139 % en lo que va del año, llegando a cotizarse en US$69,18 la onza tras alcanzar un máximo histórico de US$69,44. Su desempeño se explica no solo por su condición de activo refugio, sino también por una creciente demanda industrial, especialmente en los sectores de energía fotovoltaica y electrónica. El comportamiento de ambos metales preciosos refleja la aversión al riesgo de los inversionistas y una estrategia de cobertura frente a la volatilidad de las divisas y las presiones inflacionarias a largo plazo.